Todo es relativo

Canto que afina su voz engreída

quimera frágil, pronunciarte debilita

No temo a la oscuridad ni a las alturas

no me aterra la soledad, ni siquiera la muerte

mi único temor es la falta de sentido

Sos el banquete donde cena mi espanto

negación de la existencia

veneración del vacío

Idem

Suspendo el ensayo de felicidad
al que nunca falto ni llego impuntual
Retomo el callejón necesario
regreso al laberinto fatal
Se resigna el esfuerzo estéril
por mantener la cordura
Jugar el juego. Firmar al pie.

L

Bastó un café improvisado

sobró la esquina con lluvia

un lápiz profeta de simpleza

pintó el guión más intrincado

El secreto de sus ojos

revelado en el instante inicial:
:
los otros ojos sólo son aves de paso
.
Tuvo juicio quien me dijo “todo llega”

la silueta tiene pulso y roto el labio
.
El silencio más sagrado

el grito mudo del destino

su retina de mares hondos

la tormenta que intenta hablarnos
.
Serenos, nómades, sensatos, desquiciados

altivos, frágiles, guerreros, entregados
.
El alma a veces agoniza

sus quejidos develan el misterio
:
mientras siga amaneciendo

volveremos a encontrarnos

Renacer

Un cuarto de siglo
siembra de falsa rebeldía
cosecha amarga, la arrogancia
de no creer en nada.
Conquistados mis párpados
herméticos, inviolables
aún aguarda el universo
paciente, sin rencores.
Infatigable búsqueda
Conmovedor misterio
Invitación al sentido
mientras enjuago mi arrogancia
mientras espero merecerte
mínima, insignificante
sólo una cosa te pido:
no me dejes nunca más
ser la que fui

Transición

Esta magia sin galeras.

Esta desnudez con sobretodo.

Esta quimera descalza.

Este vértigo aplacado.

Este insomnio agradecido.

Este vicio inocuo.

Este miedo satisfecho.

Este grito murmurado.

Esta piel temblorosa.

Este suspiro inexorable.

Estas horas siempre exiguas.

Este acto sin disfraces.

Esta música en el aire.

Fin

Me invita Hefesto a su orgía de lamentos.

Oscilo en la cornisa de un volcán hambriento.

Las piedras húmedas de bronca.

La tierra seca de llanto.

La última brújula se perdió en la arena.

Acá me bajo.

Le donaré mi cuerpo los monstruos subterráneos.

Mis manos navegarán el barro.

Mis pies caminarán ríos despiadados.

En la ventana a este espacio circular.

En la felicidad de este instante que empieza

en una hora de agujas imposibles.

Sin prosa

Sin desvelo
Sin consuelo ni agravio
Sin fútbol en la tele
Sin saber cómo me queda
Sin audiencia en mi ronquido
Sin batallas ni treguas
Sin dolor de cabeza
Sin sábana tibia
Sin domingo soleado
Sin culpables ni acusados
Sin perfume impregnado
Sin héroes ni tumbas
Sin miedo a la tormenta -porque a quién contárselo-
La luna muerde mi almohada.

La espera

Desde lo más oscuro
de la levedad de mi ser
un grito arrancado a la lluvia
un murmullo brotado del suelo
una mueca cómplice, un augurio firme
susurra con voz intranquila:
la espera siempre termina
la noche cae, el día amanece
los ojos se abren, la angustia se cierra

Monólogo de la Muerte

Llevo un correr desenfrenado. Un copioso paso apresurado. Aún sabiendo que mi victoria está asegurada. Soy faraón de una humanidad esclavizada. Soy domador del circo de sus tristes payasadas. Soy rey de peones desorientados, sabio entre alumnos desahuciados y amo de siervos que, sin haber nacido, ya están sentenciados.
Los hombres me esperan, pero me rechazan. Me respetan, pero me disfrazan. Me creen, me niegan, me difaman. Cuánta ingratitud. Pensar que soy finalmente el motor que impulsa su andar inanimado y mi llegada les brinda un descanso inmediato a sus fracasos cotidianos.
Ante mi cae el mas débil y el más poderoso. Idéntica sentencia confiero al humilde y al ostentoso. ¿Hay acaso mayor justicia que la mía? ¿Existe tal equidad en su triste y enferma cofradía?
“Hasta mañana” se saludan omnipotentes, como si tuviesen el mañana asegurado. Planean, proyectan, derraman promesas ignorando que nada tienen garantizado.
Creo ser, sencillamente, la única dicha del hombre. Hago que quieran levantarse por las mañanas. Les permito transitar ese sinuoso camino que han bautizado “vida” y finalmente los libero, regalándoles la calma.
Como la oscuridad existe para que sepan admirar la luz. Como la noche cae para que puedan apreciar el alba.

Presbicia

Sin desnudarme frente al espejo
Sin revelar mi nombre
Las nubes me acarician la cara
me tientan a esperar tras su espuma
La lluvia ofrece empañarme la vista
que luego el viento fregará sin aviso
Injustamente.

Él

Pareciera que Dios está tan seguro de existir que no necesita demostrarlo.

Ahora nada

Ríos de tinta, hojas en blanco, cauce de olvido. Sangre derramada, garganta desatada, llanto contenido
Y ahora nada.
Maldigo esta memoria frágil, esta melancolía inútil. Prometo despedirlas en un duelo triste y eterno, universo de palabras que nunca existieron